CUANDO LLEGÓ PAPÁ
Autor: Paco Cóndor Inche, (Lima – Perú, 17-11-2016).
Tenía yo cinco años y mi hermana menor dos
años menos que yo, mamá salía todas las tardes a trabajar en casa de unos
señores como a diez cuadras de la casa y regresaba muy de noche. Ella trabajaba
para sostener la casa.
Papá había sido enviado a la guerra y no
regresó, pero mamá siempre decía que el regresaría. Así que cuando mamá salía
yo era el hombre de la casa; tenía que proteger a mi hermanita: la llevaba al
baño, le daba de comer y le hacía dormir, bueno a veces yo me quedaba dormido
primero.
¡Ah! el baúl, Si claro, en eso estamos.
Cuando mamá estaba, como todo niño siempre
corríamos a las faldas de ella, pero cuando salía mamá, entonces nuestra
protección era el baúl viejo de mi abuela. Este baúl era nuestro cajón de
guardar juguetes, bueno, es decir, solo guardábamos el oso de peluche de mi
hermana y mi soldado de plástico que me cuidaba desde el baúl y representaba a
mi papá. No teníamos más juguetes.
Una noche, mi hermana estaba jugando con su
oso junto al baúl, mientras yo estaba tendido en el piso mirando al techo e
imaginando como sería papá, hacía más de tres años que no le veía y ya no
recordaba su rostro, miraba a mi soldado e imaginaba a un hombre fuerte y
valiente esquivando las balas y atrapando enemigos todos con cara de malos. De
pronto sonó la puerta como si trataran de abrirla y yo salté asustado, empuje a
mi hermana dentro del baúl y me metí junto a ella, asi como muchas veces la
había enseñado para esos casos, luego ese alguien tocó con sus nudillos y yo le
decía a mi hermana que se estuviera en silencio, insistieron los golpes y
gritó:
- ¿Hay alguien en casa?
Y mi corazón latía fuerte que podía oírlo,
entonces empezó a abrir el desconocido la puerta, no se como, pero entró.
En el baúl mi hermana y yo abrazados
fuertemente temíamos mil cosas; desde ser raptados, hasta ser convertida
nuestra casa en morada de un brujo malo. Se oyeron los pasos ingresar a las
habitaciones y la voz preguntaba:
- ¿Hay alguien en casa?
Y estábamos respirando agitadamente, es
decir jadeábamos de terror, mientras los pasos por fin llegaron cerca de
nosotros, un poco de ruido y luego todo se hizo silencio, todo se hizo eterno.
Poco a poco nos calmamos y levantamos
despacio la tapa del baúl para ver afuera, y pude ver a un hombre delgado y con
rostro tostado por el Sol que tranquilo dibujaba en una cartulina plácidamente,
casi extasiado mirando hacia mi baúl, despacio volvimos a agazaparnos y otra
vez la eternidad. Todo eso hasta que oímos la voz de mamá y salimos disparados
hacia ella, cuando me di cuenta el hombre miraba a mamá y ella rompía en
llanto, el abrazó a mamá y mi madre le golpeo varias veces en el pecho
diciendo:
- Donde estuviste todo este tiempo, porque
me hiciste eso, malo. Porque no llamabas, ni una carta, ni un te quiero.
Él nos abrazó fuertemente y dijo:
- Ya estoy acá y ya no me iré nunca más.
Y esta vez la eternidad fundida en un
abrazo.
Desde entonces papá siempre estuvo en casa
y con mamá.
¡Ah el dibujo!, si, es este que ves,
siempre me recuerda ese día cuando llegó papá.
Cuento que logró el primer puesto en el
Concurso Internacional "INSPIRACIÓN VISUAL II"
Grupo: NAVEGANDO UN MAR DE LETRAS. Modalidad:
prosa.


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